jueves, 13 de abril de 2017

“COCINA Y AMA CON ABSOLUTO DERROCHE”. DAR DE COMER O LA TERCERA DIMENSIÓN DE LA GASTROFELICIDAD

Como planteo en la publicación de referencia de este blog (Gastronomía para aprender a ser feliz), existirían tres vértices de la relación entre felicidad y gastronomía, o lo que es lo mismo, podríamos definir tres actos de GASTROFELICIDAD:

1)   Comer, como una experiencia placentera y como un acto amoroso con uno mismo, en la que primaría una dimensión de tipo individual. Ser feliz uno mismo a través de la comida.
2)  Comer juntos, como la vivencia colectiva del placer de alimentarse juntos y del sentimiento amoroso de fraternidad y solidaridad que ello supone, donde lo que resalta es la vertiente interpersonal. Ser feliz con los demás en torno a una mesa.
3)  Dar de comer, entendido como un acto de amor a través del cual promueves la felicidad del otro y la propia a través del compromiso emocional con la cocina, en el que sobresale la dimensión más trascendente del hecho gastronómico. Ser feliz haciendo felices a los demás alimentándolos.

Centrándonos en este último vértice, ¡qué sentimiento puede ser más positivo que el amor! Claro que sí, la invitación del Dalai Lama, a amar y cocinar con absoluto derroche, expresa la íntima relación entre la felicidad y dar de comer.

Porque no hay nada más sagrado que dar amor como indica Ortemberg (2009, 32) “Como cocineros, como comensales, damos y recibimos, como en un acto de amor verdadero” Si comer, como defendía Simmel, es el acto más egoísta que hay, ya que propiamente hablando nadie puede compartir la misma comida, “dar de comer” es el más altruista.

En síntesis, como señala la chef Carmen Ruscalleda “cocinar es como abrazar a alguien, crea felicidad”, y con ello nos recuerda que cuando cocinamos promovemos felicidad, no sólo porque comer es un acto gratificante en sí mismo, sino también porque según el compromiso emocional que se ponga en el acto de cocinar, éste se transmite a los alimentos.

En sintonía con esta línea comparto el artículo de Julie R. Thomson en The Huffington Post: "Los psicólogos explican los beneficios de hornear para otras personas. No se trata solo de darles algo dulce". 

http://www.huffingtonpost.com/entry/baking-for-others-psychology_us_58dd0b85e4b0e6ac7092aaf8#

Como conclusión añadida reflexionemos sobre lo siguiente. Imaginemos el bienestar que generan los alimentos que cocinamos, y asumamos que los efectos de esos platos dependen de cómo nos sentimos mientras los preparamos. No es lo mismo cocinar con amor y serenidad, que hacerlo cuando estamos estresados, pensando en problemas, con sentimientos desadaptativos. Pensemos cómo queremos alimentar a las personas que nos importan (nuestros hijos, nuestros familiares, nuestros amigos/as) y los efectos que queremos producir sobre ellos y, a partir de ahí, pongámonos en la mejor actitud para ofrecer bienestar a través de los alimentos que cocinamos.

El acto de limpieza previa y durante el proceso de elaboración de la comida que realizamos cuando nos lavamos las manos no sólo tiene un sentido higiénico sino que representa simbólicamente la motivación que todo cocinero debe practicar despojándose de aquellos elementos emocionales tóxicos que contaminarían afectivamente el plato que está elaborando.



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