domingo, 7 de mayo de 2017

POR TI MAMÁ



Hoy, día en el que se celebra la maternidad, quisiera reiterar el porqué del libro "Gastronomía para aprender a ser feliz". La razón fundamental, primigenia, tiene que ver con la experiencia de ser hijo de Amparo Hernández Hernández ("Amparito"). Este es el motivo por el que le dedico esta publicación con las siguientes palabras: “Por mi madre, quien mi inspiró y transmitió con su testimonio de vida, cotidiano y amoroso, el sentido profundo y radical de la cocina socioafectiva”.

Efectivamente, aunque no haya sido muy frecuente oírle enunciar la frase: “te quiero” (la pobre bastante tenía con preocuparse por sacarnos adelante), ahora siento que con cada plato de comida que cocinaba y nos ponía en la mesa estaba “encarnando” y expresándolo, y con ello alimentándonos afectivamente. Por eso, insisto, este libro se escribió por su maternidad. GRACIAS MAMÁ.

Para entender el sentido ideal de nuestras madres, comparto con todos/as ustedes este precioso e inspirador vídeo que lleva por título "La mamá perfecta". Que lo disfruten recreándonos en nuestra condición de hijos/as amados/as por nuestras “perfectas madres”.

miércoles, 26 de abril de 2017

COMER JUNTOS o la segunda dimensión de la GASTROFELICIDAD.


Como indico en la publicación de referencia de este blog, coincido con el chef Santi Santamaría cuando denuncia: “…no cocinar, como está sucediendo, es una gran pérdida patrimonial, porque cambia el comportamiento en casa. Y es una pérdida emocional, porque se dejan de trasladar sentimientos”.

Y es que posiblemente la comida rápida nos esté dirigiendo hacia una alimentación sin sentimientos que llena la barriga pero vacía el corazón, y que engorda a lo ancho pero ahueca a lo hondo. Y esto es consecuencia del desencuentro con el otro cuyo reflejo necesitamos para ejercer nuestra humanidad.

¿Por qué cuando celebramos algún acontecimiento vital de gran alcance biográfico (nacimiento, boda, cumpleaños) lo hacemos a través de una comida a la que invitamos a los próximos? Más allá de los convencionalismos y protocolos sociales es claro que el banquete es la máxima expresión del compartir y la solidaridad.

Como indican Aduriz e Innerarity (2012, 248): “Sea lo que sea una buena vida, tiene que incluir el gozo común de la comida convival, <un buen banquete en buena compañía>, como decía Kant.

Es difícil comer estando disgustado con alguien. Lo más normal es que nos levantemos de la mesa y dejemos de comer. Son actos (comer y estar enfadados) que se excluyen mutuamente. Para comer con alguien con el que no quiero estar, mejor comer solo.

Participar de la comida en colectividad genera espacios libres de estrés tremendamente beneficiosos para la salud, de tal modo que se ha descubierto que comer en un entorno doméstico o entre amigos aumenta la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, dando lugar a una sensación placentera, algo que no ocurre cuando se realiza aislado o en mala compañía.

Comparto con ustedes este inspirador vídeo que expresa con una sencillez pero a la vez una gran profundidad el sentido de la relación entre COMER JUNTOS y la FELICIDAD

jueves, 13 de abril de 2017

“COCINA Y AMA CON ABSOLUTO DERROCHE”. DAR DE COMER O LA TERCERA DIMENSIÓN DE LA GASTROFELICIDAD

Como planteo en la publicación de referencia de este blog (Gastronomía para aprender a ser feliz), existirían tres vértices de la relación entre felicidad y gastronomía, o lo que es lo mismo, podríamos definir tres actos de GASTROFELICIDAD:

1)   Comer, como una experiencia placentera y como un acto amoroso con uno mismo, en la que primaría una dimensión de tipo individual. Ser feliz uno mismo a través de la comida.
2)  Comer juntos, como la vivencia colectiva del placer de alimentarse juntos y del sentimiento amoroso de fraternidad y solidaridad que ello supone, donde lo que resalta es la vertiente interpersonal. Ser feliz con los demás en torno a una mesa.
3)  Dar de comer, entendido como un acto de amor a través del cual promueves la felicidad del otro y la propia a través del compromiso emocional con la cocina, en el que sobresale la dimensión más trascendente del hecho gastronómico. Ser feliz haciendo felices a los demás alimentándolos.

Centrándonos en este último vértice, ¡qué sentimiento puede ser más positivo que el amor! Claro que sí, la invitación del Dalai Lama, a amar y cocinar con absoluto derroche, expresa la íntima relación entre la felicidad y dar de comer.

Porque no hay nada más sagrado que dar amor como indica Ortemberg (2009, 32) “Como cocineros, como comensales, damos y recibimos, como en un acto de amor verdadero” Si comer, como defendía Simmel, es el acto más egoísta que hay, ya que propiamente hablando nadie puede compartir la misma comida, “dar de comer” es el más altruista.

En síntesis, como señala la chef Carmen Ruscalleda “cocinar es como abrazar a alguien, crea felicidad”, y con ello nos recuerda que cuando cocinamos promovemos felicidad, no sólo porque comer es un acto gratificante en sí mismo, sino también porque según el compromiso emocional que se ponga en el acto de cocinar, éste se transmite a los alimentos.

En sintonía con esta línea comparto el artículo de Julie R. Thomson en The Huffington Post: "Los psicólogos explican los beneficios de hornear para otras personas. No se trata solo de darles algo dulce". 

http://www.huffingtonpost.com/entry/baking-for-others-psychology_us_58dd0b85e4b0e6ac7092aaf8#

Como conclusión añadida reflexionemos sobre lo siguiente. Imaginemos el bienestar que generan los alimentos que cocinamos, y asumamos que los efectos de esos platos dependen de cómo nos sentimos mientras los preparamos. No es lo mismo cocinar con amor y serenidad, que hacerlo cuando estamos estresados, pensando en problemas, con sentimientos desadaptativos. Pensemos cómo queremos alimentar a las personas que nos importan (nuestros hijos, nuestros familiares, nuestros amigos/as) y los efectos que queremos producir sobre ellos y, a partir de ahí, pongámonos en la mejor actitud para ofrecer bienestar a través de los alimentos que cocinamos.

El acto de limpieza previa y durante el proceso de elaboración de la comida que realizamos cuando nos lavamos las manos no sólo tiene un sentido higiénico sino que representa simbólicamente la motivación que todo cocinero debe practicar despojándose de aquellos elementos emocionales tóxicos que contaminarían afectivamente el plato que está elaborando.



jueves, 30 de marzo de 2017

TOP CHEF IV (segunda parte). “COGE TUS CUCHILLOS Y VETE. RECOGE TUS CUCHILLOS Y APUÑALA“

Ayer volví a asumir la contradicción de visionar el episodio semanal de este “reality show cooking”. Presento en mi defensa, como ya comenté en la entrada anterior, que lo hice de forma intermitente. Me recuerdo a mí mismo, de pequeño, delante del televisor en blanco y negro, con los ojos tapados, sufriendo la experiencia de ver una película de terror. Cosa que no he podido realizar ni siquiera de adulto. Lo reconozco soy un cagado, aunque prefiero entenderlo como producto de mi gran capacidad de empatía.

Sea como fuere, entre las rendijas de mi “mano-zapping”, ayer ratifiqué el carácter inhumano de esta manera de entender la cocina, a través de un hecho con una gran potencia simbólica: la expulsión del concursante Manuel Núñez, y la repesca de Melissa Herrera.

El primero, aparentemente (y subrayo esto porque uno no puede fiarse del todo de lo que se trasmite a través del filtro televisivo) un cocinero sensible, constructivo y, que se reconocía, sufriente por su autoexigencia. Sus palabras, recogidas en el Facebook, ayudan a entenderlo: “He intentado mantenerme fiel a mis principios personales y profesionales más allá del resultado, del desgaste emocional y de saberme en un medio que funciona con códigos diferentes a la cocina…

En el otro extremo del ring (o al menos así creo que lo vive ella), Melissa, una cocinera, aparentemente, competitiva, destructiva en cuanto sus comentarios hacia los demás, y cuya exigencia se manifiesta en una compararse de manera permanente con sus adversarios.

Soy consciente de la marginación que sufren las mujeres en la alta cocina, como un reflejo más del machismo imperante en la sociedad; pero precisamente la imagen de un cocinero con sensibilidad emocional expulsado, y una cocinera con una actitud competitiva repescada, más que ayudar a romper las cadenas atávicas machistas, no hacen más que fortalecerlas.

Porque si algo nos ofrece la cocina es la posibilidad de constituirse en un espacio alternativo para entendernos a nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Como señalo en la publicación de referencia de este blog:

Coincido con Laura Esquivel cuando nos invita a volver a nuestros orígenes: “Tal vez la única salida que nos queda es rescatar el fuego civilizador y convertirlo nuevamente en el centro de nuestro hogar. Reunámonos junto a él para reflexionar sobre nuestra relación íntima con la vida. Recuperemos el culto a la cocina, para que dentro de ese espacio de libertad y democracia, podamos recordar cuál es el significado de nuestra existencia” (citada por Lourdes Ventura en el prólogo del libro “Como agua para chocolate”).
Frente a la concepción alienante de la cocina como un espacio femenino con una gran carga de exclusión y renuncia (la mujer a la cocina), reivindicamos el lugar de los fogones y los calderos como un contexto subversivo en el que, a través del esfuerzo por saciar el hambre de los otros, la nutrición se convierte en un ritual metafórico donde alimento y afecto se vinculan para sanar a la humanidad.
El primer acto de relación entre el recién nacido y su madre es colocar al bebe cerca del pecho para activar el reflejo de succión. Venimos preparados para alimentarnos de nuestra procreadora, pero si vamos más allá de este acto de dar de comer, observaremos lo que significa en su profundidad esta “primera vez”: aceptación, amor incondicional, cariño, protección, placer,… En resumen, felicidad.

Si me lo permites Manuel, un consejo. Si hay una nueva repesca, no te presentes. Por lo que he podido ver de tu interior, eso no va contigo y sufrirías en tu alma los cuchillazos emocionales de una manera de entender la cocina que poco tiene que ver con lo humano y con el fin de nuestra propia humanidad que no es otro que "aprender a ser felices".


sábado, 25 de marzo de 2017

MI EXPERIENCIA COMO PSICOCINERO/A

Ilustrativa y nutritiva práctica en el taller de cocina socioafectiva con el alumnado de tercer curso del Grado de Maestro de Educación Primaria de la Facultad de Educación de la ULL. 
Hemos vivenciado en "cuerpo y alma" el recurso de la Psicocina como medio para trabajar la Educación Emocional en la escuela. 
A través de sus comentarios a esta entrada podrán acceder a lo que supuso para ellos y ellas esta experiencia formativa de COCINARSE y ANIMENTARSE con su "Montadito de queso y mermelada de tomate: Yo soy contigo".



sábado, 11 de marzo de 2017

PALADEAR LA VIDA O CAMINAR SUAVEMENTE HACIA LA COCINA

Este poema de Gloria Fuertes es ciertamente inspirador:


En estas sencillas y bellas palabras se condensa un mensaje estrechamente vinculado con nuestra propuesta de la Psicocina Socioafectiva, en el que se relaciona gastronomía y  felicidad.

Como indicábamos en la publicación de referencia, a partir de un texto del Principito:
Buenos días –dijo el principito. Buenos días –dijo el mercader. Era un mercader de píldoras perfeccionadas que aplacan la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber. ¿Por qué vendes eso? –dijo el principito. Es una gran economía de tiempo –dijo el mercader-. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana. Y, ¿qué se hace con esos cincuenta y tres minutos? Se hace lo que se quiere… Yo -se dijo el principito-, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suave hacia una fuente…” (Saint-Exupéry, 1999, 91).

Y si se inventase una píldora que quitase el hambre ¿qué pasaría? Más allá de las implicaciones económicas, políticas y sociales de este improbable, que no imposible (y digo improbable porque no creo que esté entre las prioridades de los “mercaderes” que el hambre desaparezca); me aventuro a especular que, como el Principito, algunos románticos emplearíamos el tiempo que nos ahorraríamos en sentarnos a comer o a preparar la comida, a “caminar suavemente” hacia la cocina para buscar la manera de ser felices. ¿Y ustedes?

jueves, 16 de febrero de 2017

TOP CHEF IV: LA ALTA COCINA QUE NOS BAJA A LOS INFIERNOS EMOCIONALES

Ayer se inició la cuarta edición del “reality gastronómico” TOP CHEF. Asumo la contradicción, al menos por esta vez, de haber sido uno de los, supongo, millones de espectadores que mantuvieron su atención (en mi defensa intermitente) en el televisor, mientras de forma, unos masoquista (los aspirantes) y sádica otros (el jurado), se exhibían en lo profesional y en lo íntimo ante la audiencia.
Cada vez tengo más claro, y estos espectáculos esperpénticos me lo confirman, que la Psicocina Socioafectiva está radicalmente en contra de esta forma de hacer gastronomía.
Más allá del nivel profesional en el que se sitúan los concursantes, resulta del todo increíble que esos platos de comida puedan alimentar. Tanto llanto, tanto sudor, tanta rabia, tanto estrés, y tantas manifestaciones de emociones desadaptativas, lo único que transmiten, como las lágrimas de Tita en el guiso (la protagonista de “Como agua para chocolate”) es quebranto para el alma a quien pruebe esas elaboraciones.
Por mucha técnica en la ejecución, por mucha originalidad en la elaboración, por mucho afán de superación que se quiera representar con esta “alta cocina”, lo que nos aporta es toxicidad emocional, y como consecuencia de ello “rebaja nuestra humanidad”. Así que, en beneficio para nuestra salud integral, haremos bien en evitarla.

Y si esto lo aplicamos al ámbito amateur, como es el caso de su primo hermano MASTER CHEF, pues mayor justificación para el rechazo y la crítica.


Así que, como digo en “Gastronomía para Aprender a Ser Feliz”…
Lo confieso, me gusta comer, me gusta mucho comer, pero disfruto, aún más, dando de comer. Será por mi vocación de maestro, de alimentador de mentes y corazones, de cocinero de platos de aprendizaje, que se ofrecen desde la generosidad de ayudar a los otros a crecer, a desarrollarse, a orientarse hacia el fin de su felicidad. Y desde esta misión personal he escrito este material con claro sentido formativo. Como el libro de cocina de Tita la protagonista de “Como agua para chocolate”. Un libro para hablar del corazón, las emociones y el camino hacia nuestra propia felicidad. ¡Que deseo más bonito! Un libro para mis descendientes que no se quema en el incendio.
Todo lo contrario a los Top y Máster Chef televisivos. Estos reality show expresan la antítesis de lo que trataremos en este manual, y que se resume en la imagen contradictoria del mediático chef Alberto Chicote con un corazón dibujado en su chaqueta naranja de cocinero y la frase eliminatoria “coge tus cuchillos y vete”.
Aquí no se expulsa a nadie. A este espacio bibliográfico de maridaje entre la psicología de la felicidad y la gastronomía está invitado/a quien quiera alimentar su corazón, quien tenga hambre de emociones y creatividad.

Aunque sea así, me reservo el derecho de seguir viendo algún trozo de algún que otro capítulo del programa (porque no creo que tenga estómago y corazón para soportar uno completo), en el interés de realizar el sano y divulgador ejercicio de criticar y proponer alternativas. Como dice un buen amigo: “la seguimos”.